La conciliación es efectiva si todos la disfrutamos

La conciliación es efectiva si todos la disfrutamos

Imagen de una familia feliz, padre, madre e hijos

El 8 de marzo de 1857 se iniciaba un camino por la lucha de un reconocimiento. Un grupo de obreras textiles decidieron recorrer las calles de Nueva York como protesta ante las pésimas condiciones salariales bajo las que trabajaban. Este hecho supuso el punto de partida para una lucha incansable por alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. Huelgas y acontecimientos se sucedieron hasta que finalmente, en 1975, las Naciones Unidas decidieron reconocer oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Desde entonces cada año tienen lugar distintas actividades que nos recuerdan el largo trecho recorrido, y lo mucho que nos queda aún por hacer.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, afirmaba el pasado mes de diciembre que la reforma del IRPF de 2014 promovería el tratamiento de la familia como unidad contribuyente, favoreciendo así la conciliación de la vida laboral y familiar y que «realzaría el papel de la mujer en el mundo del trabajo, sobre todo su condición de madre». El ministro destacaba además que España es el único país en el que la Hacienda pública «paga a la mujer» y la «discrimina positivamente» como madre trabajadora.

Si bien es cierto que la mujer se ha convertido en la principal destinataria del resto de medidas de conciliación que se han ido reconociendo progresivamente y que, en principio, también se dirigían al hombre, la realidad es que los derechos conciliatorios laborales como la reducción de jornada o la excedencia para el cuidado de hijos menores son solicitados casi exclusivamente por mujeres.

La conciliación laboral-familiar debe romper con la cadena que le une en mayor medida  a la mujer. Se debe empezar por romper el binomio conciliación-mujer, y ambos sexos deben  sentirse implicados por igual.

La conciliación de la vida familiar, laboral y personal contribuye a construir una sociedad basada en la calidad de vida de las personas, primando las mismas oportunidades para hombres y mujeres con el fin de que estos puedan desarrollarse en todos los ámbitos de su vida, progresar a niveles profesionales y poder disfrutar a la vez de tiempo tanto a nivel personal como familiar.

Desde Alares, conscientes de todo ello, desarrollamos a medida planes de conciliación para las plantillas  de las empresas y sus familias, ocupándonos de la prioridad número 1 de la conciliación: El cuidado de la familia.

En la actualidad, el mundo está constantemente sometido a cambios que requieren una nueva forma en cuanto a la organización del trabajo. El no poder compatibilizar la vida laboral con la familiar y personal trae consecuencias negativas para las empresas. De ahí la importancia de que las organizaciones sean flexibles y reconozcan a sus trabajadoras y trabajadores como un valor diferencial frente al resto.

Las empresas empiezan a tomar consciencia de que el bienestar de las personas está relacionado con su rendimiento pleno y que los trabajadores rinden más cuando las necesidades de su vida familiar y personal están cubiertas.

Es necesario buscar nuevas herramientas que posibiliten que cada vez estemos más cerca de ese anhelado equilibrio entre mujeres y hombres en lo que a aprovechamiento de la conciliación se refiere. Racionalizar horarios es conciliar, corresponsabilizar y desarrollar una vida profesional, personal y familiar, también es conciliar, pero para alcanzar la excelencia en conciliación se  hace necesario que las empresas tengan en cuenta aquellas necesidades importantes que no se cubren con la anterior, esto es el acceso a unos servicios de calidad que cubran sus necesidades familiares cuando la persona se encuentra fuera de su domicilio

Si el trabajo es un factor común a ambos, la conciliación no puede ser menos.  Por tanto es decisivo poner en práctica medidas dirigidas a favorecer y ayudar tanto a las mujeres como a los hombres para que ambos disfruten de su condición con igualdad de oportunidades.

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