Sanidad, Dependencia y Economía

Sanidad, Dependencia y Economía

El continuo aumento del gasto sanitario, con sus consecuencias presupuestarias subsiguientes, lleva a las primeras páginas de los noticiarios una y otra vez las exigencias de una mayor eficiencia en el uso de los recursos. En las mismas se incluyen tanto la coordinación entre los diferentes sistemas autonómicos que configuran el Sistema Nacional de Salud, como la incorporación de técnicas gerenciales adecuadas a los nuevos tiempos. Y a través de las cuales se puedan evaluar cuáles son los costes ineludibles y cuáles podrían reducirse acudiendo a nuevas soluciones organizativas. Soluciones que han de aplicarse en unas realidades sociales donde las pautas familiares han cambiado sustancialmente respecto a épocas anteriores y en las que la concentración urbana de la población y las pirámides demográficas exigen actualizar los recursos y procedimientos del Sistema.

Uno de estos aspectos, el de la evolución demográfica, que viene asociado a las crecientes expectativas de esperanza media de vida, induce gastos de hospitalización, al acrecentarse los períodos medios de las mismas, que contribuyen a la evolución del gasto antes aludido. Y exige que, al analizar posibles soluciones para reducir dicho gasto, no solo se piense en el propio Sistema Nacional de Salud, y sí en otros sistemas entre los que destacaría el recién creado Sistema de Asistencia a la Dependencia. Amén, claro es, de una mayor conexión con los dedicados a la asistencia social y familiar.

Y es que muchas de las hospitalizaciones crónicas, verían abaratarse sus costes si sus beneficiarios pudieran incorporarse a los equipamientos y servicios del Sistema de Asistencia a la Dependencia. Pues éstos no tendrían que soportar los gastos estructurales de los equipamientos hospitalarios y permitirían una asistencia más adecuada y humana, adaptada a cada demanda y circunstancia personal. Lo cual permitiría, además, dimensionar convenientemente las necesidades del Sistema de Asistencia a la Dependencia.

De ahí que sea imprescindible que este Sistema se ponga en funcionamiento cuanto antes, pues todavía están pendientes de desarrollarse los procedimientos de acreditación de las entidades prestadoras de servicios y equipamientos y los propios del copago. Tal retraso está induciendo a que el Sistema sea suplido por los anteriores procedimientos de asistencia social y que además éstos se estén retribuyendo con demoras inexplicables. Lo que hace que el sector dedicado a estos servicios no entienda como se le califica de sector del futuro y se le agota, a diario, sus posibilidades de funcionamiento regular. Sin que nadie valore el coste social y la conflictividad pública que pudiera suponer que muchas de las incipientes iniciativas empresariales decidiesen salir del sector a la espera de tiempos mejores.

La mejora de la gestión del SNS pasa, por tanto, por la conexión con el SAD, pero sobre todo con que la gestión de los asuntos públicos se haga con las pautas mínimas de cualquier gestión directiva. Es decir, con amplitud de miras, visión de futuro y capacidad para una gestión dinámica de recursos y oportunidades. Lo cual supondría también percibir que una mejora de esta gestión podría suponer la creación de nuevos empleos y proyectos empresariales. Tales potencialidades, en los momentos que se viven, puede que requieran para su concreción el aprovechar gerencialmente unas oportunidades de los nuevos mercados. Y también la obligación política de facilitar nuevas salidas a una situación económica con dificultades evidentes.

El Sistema de Asistencia a la Dependencia pudo fraguase, en sus planteamientos iniciales, gracias a la conjunción de afanes políticos y de los resultados de incluirse el proyecto en la agenda del diálogo social. En el que los agentes sociales mostraron toda su capacidad para sumarse a una iniciativa en la que la sociedad estaba y está totalmente comprometida. Puede que ahora, para relanzar la economía, no estaría de más que en la nueva agenda del diálogo social los temas de la coordinación entre la sanidad, la dependencia y las nuevas iniciativas empresariales, convendría que encontrasen un hueco. Y que su desarrollo supusiera apostar por gastar más eficazmente y hacerlo mientras se crece económicamente.

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