Sonia Rio, Directora de Fundación Diversidad, comparte una reflexión sobre el Covid-19

Fundación Diversidad

Me dirijo a vosotros para compartir una breve reflexión en torno a la pandemia del COVID-19. Sin duda es una situación excepcional que merece toda nuestra atención y también una lectura desde el lente de la igualdad, la diversidad y no discriminación.

Lo cierto es que uno de los elementos más importantes en la alarma mundial creada por el virus reside en su carácter aparentemente democrático. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó que «este virus no respeta fronteras; no distingue entre razas o etnias; y no tiene en cuenta el PIB o el nivel de desarrollo de un país». En otras palabras, pareciera que pone en riesgo a todas las personas por igual, independientemente de sus condiciones individuales o lugar de procedencia.  

Sin embargo, cuando nos ponemos a analizar más en detalle lo que está pasando en estos momentos de estado de alarma en España, vemos que el COVID-19 sí discrimina y pone de relieve algunas desigualdades ya existentes. Sobra decir que todas las catástrofes y crisis sean humanitarias, sanitarias, bélicas o medioambientales afectan en mayor medida a aquellas personas que viven en una situación de vulnerabilidad. En este caso, la crisis desatada por el COVID-19 no es una excepción.  

Veamos los siguientes aspectos más a detalle:

Aislamiento: Al no poder salir durante el estado de alarma las personas privadas de libertad, y las que se encuentran en residencias corren más riesgo de contagio por la multitud de personas confinadas en un mismo lugar.

Violencia: El encierro en un entorno familiar violento puede empeorar la situación ya existente, en especial hacia niños, niñas y mujeres.

Tareas de cuidado: Las mujeres son quienes siguen haciéndose cargo de la mayoría de las tareas de cuidados del hogar y la familia. La suspensión de las escuelas pone especialmente a las mujeres en desventaja porque son ellas quienes mayoritariamente asumen estas tareas y tienen que dejar de trabajar. La corresponsabilidad es la asignatura pendiente para avanzar en igualdad, esta crisis lo evidencia.

En este apartado no podemos olvidarnos de las mujeres migrantes.  Ellas cuidan de nuestros hijos, de nuestros mayores, de nuestras casas. Estas semanas o meses van a cobrar menos, o no cobrar.

No todas las personas pueden hacer teletrabajo: Hay muchos trabajos que no se pueden realizar desde casa. Será laboral y económicamente complicado para muchas personas durante el estado de alarma, sobre todo para aquellas que ya tienen un trabajo más precario o en la informalidad.

Trabajos feminizados: Las mujeres son quienes realizan en mayor medida los empleos que tienen niveles de exposición más altos ante el COVID-19: enfermeras, cuidadoras de personas mayores, cajeras de supermercados, farmacéuticas, personal de limpieza.

Acceso a la información: Es probable que las personas con discapacidad tengan más dificultad para acceder a información pública gubernamental. Y en este momento es importante estar informados. Tenemos que hacer un esfuerzo adicional por informar en lengua de señas y en un lenguaje más accesible para todas las personas.

Enfermedades preexistentes: Es evidente que, al tratarse de una crisis sanitaria, las personas con enfermedades preexistentes podrían estar más en riesgo al contraer el COVID-19. No nos olvidemos que la personas con VIH, que sigue siendo una población estigmatizada y con tasas de desempleo muy por encima de la media nacional.

Colectivo senior: Uno de los grandes olvidados son en muchos casos nuestras personas adultas mayores, y desgraciadamente este virus se está cebando especialmente con ellos. Cuidemos a nuestros abuelos y abuelas, #QuédateEnCasa.

Ésta no es una lista cerrada. Cada persona es un universo y la crisis le afecta de distinta manera. Las desigualdades ya existentes ahondan esta crisis para ciertos grupos de población. No me refiero solamente a las diferencias brutales de acceso a derechos que existen a nivel mundial, las diferencias entre países del “primer mundo” y los países en desarrollo, sino a la desigualdad y falta de oportunidades existentes entre nuestros vecinos y compatriotas.

Sin embargo, soy por naturaleza una persona muy optimista que cree que algo bueno va a salir de esta crisis del COVID-19. Tengo la esperanza de que nos va a hacer más solidarios y humanos con aquellas personas que tienen menos oportunidades que nosotros. Lo que a estas alturas está comprobado es que una pandemia como la del COVID-19 solamente se puede resolver cooperando y siendo solidarios entre los países y entre las personas. No se trata solamente de cerrar fronteras, porque el virus no conoce de territorios y nacionalidades. Hay que intervenir, ser solidarios cuando estalla una crisis sanitaria en algún lugar del mundo y apoyar con todos los medios a ese país y su población. Así nos protegeremos todos.

Por último, algunos aprendizajes que saco para el futuro:

  1. Empatizar más con las personas que son más vulnerables. Aprovechemos para reforzar el mensaje de que todas las personas somos iguales en dignidad y derechos. La ONU señaló en su informe de 2019 que durante 2018 alrededor de 113 millones de personas murieron de hambre. Las personas que tenemos más suerte en la vida o hemos nacido en un continente más favorable tenemos que estar agradecidos. No podemos resolver individualmente la hambruna en el mundo, pero si nos podemos indignar de vez en cuando y poner nuestro granito de arena para que la desigualdad en el mundo disminuya.
  2. La innovación gracias a la diversidad. Los científicos y sistemas sanitarios de todo el mundo están trabajando de manera conjunta con un objetivo común, que permitirá acelerar el descubrimiento del tratamiento y vacuna más adecuados para el virus. Éste es un ejemplo clarísimo, de cómo los equipos diversos aceleran la innovación y el desarrollo de empresas y sociedades.
  3. Ser solidarios. Muchos estudiantes se están implicando para cuidar niños y niñas, mujeres en paro desarrollan trabajos de cuidado, vecinos ponen carteles para hacer la compra a quien lo necesite, etc. También vemos iniciativas muy solidarias en las empresas, como por ejemplo la iniciativa “Ilumina una vida”, de Alares, una campaña contra la soledad de las personas mayores por el COVID-19 a través de un número de teléfono gratuito, 900 877 037. Sigamos siendo solidarios y creativos también una vez superada la pandemia.
  4. Consumir y viajar con más responsabilidad. Hemos visto que en algunas partes del planeta han bajado sustancialmente los niveles contaminación. Sigamos en este camino que hemos empezado a la fuerza, para seguir cuidando el planeta y su naturaleza. Apostemos por una sociedad más sostenible.
  5. Colaborar con ONGs y Fundaciones que se esfuerzan por cerrar brechas de desigualdad en España y en el mundo. La igualdad, la diversidad y la no discriminación nos conviene a todos. Juntos, sociedad civil, sector privado y gobierno podemos avanzar en esta agenda de diversidad e inclusión. Aprovecho para agradecer la confianza y compromiso de los socios de Fundación para la Diversidad que nos permiten llevar el mensaje a favor de la diversidad e inclusión a todo el territorio nacional: Alares, Allianz, AXA, Bankinter, Bankia, BASF, BD, Boehringer Ingelheim, British Council, Caixabank, Hospital Plató, Iberdrola, Clarios, JTI, Nationale-Nederlanden, Leroy Merlin, Lilly, Orange, Sacyr y Provital.
  6. Apostar por un sistema de cuidado real. Es importante retomar la Ley de Dependencia. Sobra decir que todas las personas necesitamos cuidados en diversos momentos de nuestras vidas y esto no puede seguir recayendo en las mujeres y familias. ¡Es el momento!
  7. Apostar por la conciliación con corresponsabilidad. Las experiencias de teletrabajo y flexibilidad durante la crisis del COVID-19 nos han abierto la opción de disponer de servicios accesibles para todos de asistencia personal y doméstica, teletrabajar y así poder conciliar mejor. Es verdad que estamos en una situación de excepción con los hijos en casa, lo que hace el teletrabajo relativo. Aun así, estoy convencida de que es un comienzo para avanzar hacia una mayor conciliación entre vida laboral y profesional para hombres y mujeres. Es hora de dar paso a un estilo de liderazgo más moderno, horizontal y valiente, donde el talento del empleado/a esté en el centro y no el “presencialismo”.
  8. Tiempo de calidad. Esta crisis para bien y para mal nos permite estar más tiempo con nuestra familia, escuchar y ser escuchados. Siempre pensé que el tiempo de calidad estaba infravalorado. En este mundo donde todo pasa tan rápido, hacer una pausa nos permitirá reflexionar en relación a nuestras prioridades y valores.

¡SIGAMOS APLAUDIENDO DESDE NUESTRAS CASAS!

Unidos en la Adversidad y en la Diversidad.

Un abrazo,

Sonia Rio